Hola soy Elena, de Toledo y tengo 15 años, aquí dejo mi testimonio del Camino de Santiago :D

Antes de ir al camino estaba triste, porque yo en el pasado hice cosas que nunca tuve que haber hecho ni pensado. Tuve una época muy mala llena de complejos, había gente que se metía conmigo, y claro para que mentir, yo soy una chica súper sensible. Cosa que me decían cosa que en el fondo me dolía, aunque yo intentaba hacerme la fuerte y hacia como que no me afectaba. Pensaba que no servía para nada, solo para fastidiar la vida de los demás, para amargar la existencia de mis padres, para romper las cosas, solo para hacer mal a la gente. También me veía inútil porque intentaba ayudar a la gente y como no me dejaban, yo creía que era problema mío. Siempre estaba pensando en morirme, siempre me decía: “no sirvo para nada, esta vida es una mierda, solo sirvo para fastidiar a los demás, porque no me muero ya, ojala me muera ya, porque tuve que nacer, yo fui un error, nunca debí que haber nacido...”.

El caso es que estaba enfadada conmigo misma. Me enfadaba por cada cosa mal que hacía. Me encerraba en mi habitación a llorar y buscaba cualquier cosa afilada para poder cortarme las venas, pero no lo encontraba. Un día salí al jardín y cuando encontré una piedra un poco afilada no era capaz de llegarme a clavármela, solo llegaba a hacerme arañazos, por lo cual, cuando me preguntaban que me había pasado yo decía: “nada, jugando con el gato”.

A veces que cogía un cuchillo para cortarme, pero no lo conseguía. Un día tuve un problema y me deprimí tanto que fui derecha a la cocina a coger un cuchillo y estuve a punto de quitarme la vida, y me dije a mi misma: “¿¿tan patética soy, tan inútil soy que no soy capaz ni siquiera de hacer algo tan sencillo??”

Durante la Pascua, en un acto que hicieron para los adolescentes, cuando me toco a mi pasar por intercesión, Dios me dijo que me quería muchísimo que nunca me había dejado y no me dejará sola. Me dijo que me confesara de lo que había hecho esos días atrás, porque yo valía mucho más de lo que me imaginaba, y ahí es cuando Dios por medio de una de las chicas que estaban intercediendo por mí, me dio un abrazo muy fuerte y me sentí querida por Él. Me confesé de ello, pero no me sentí muy bien del todo. Por aquel entonces vivía un poco de los recuerdos, me sentía mal por todo lo que hice en ese tiempo, todavía no había cerrado esas heridas.

Cuando llegué al camino, yo estaba un poco ocultando esto, pero un día a los adolescentes nos dieron una carta en la cual, todo lo que ponía en ella me decía muchas cosas, pero lo que más me había llamado la atención de esa carta fue: “Te conocí aun antes de que fueras concebida, yo te escogí cuando planeé la creación. Tú no fuiste un error, porque tus días están escritos en mi libro. Un día Yo de enjugaré cada lágrima de tus ojos y quitare todo el dolor que hayas sufrido en esta tierra. Yo no estaré contando tus pecados. Es mi deseo gastar mi amor en ti, simplemente porque tú eres mi hija y yo tu Padre”. Después de leer toda la carta me quedé un poco sorprendida porque

justamente habían dado en el clavo conmigo, pero seguía sintiéndome mal. El día que tuvimos la adoración, yo estaba rezando, pidiéndole a Dios por mi hermano y especialmente para que me ayudara a cerrar las heridas que tenía en el corazón. De repente empecé a perder las fuerzas y sentía que me caía, cuando avise a mi monitora ella me ayudó a tumbarme. Al principio no entendía nada, sentía miedo, pero llegó un momento en que empecé a sentir una paz enorme. Era de esto que yo me enteraba de lo que pasaba a mi alrededor, pero estaba en otro mundo, me sentí amada por Dios, sentí que Dios me amaba y note que Dios cerró esas heridas que tanto me dolían, no sabía todavía que me pasaba pero más tarde comprendí que había tenido un descanso. Estaba llena de fuerzas y tenía un gozo en el alma que no podía guárdeme para mí. Sentí que Dios me amaba y sentí que yo no fui un error. Dios me tiene preparado algo muy grande como a todo el mundo. Dios no iba a estar contando todos mis pecados. Él ya los había perdonado y en el momento en el que sentí todo esto, sentí como Dios me abrazó muy fuerte y desde ese día estoy llena de gozo porque Dios me ama tal como soy.
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