Se reunieron unos 420 chicos, unos 150 estaban alejados de Dios. Al acabar el retiro, casi todos se habían convertido.
Madrid- La Renovación Carismática (RCCE) llegó a España hace más de 40 años,
pero sólo recientemente ha desarrollado una forma de evangelizar a jóvenes alejados «a puñados».
«Hace seis años organizamos un Camino de Santiago de nueve días con jóvenes, y resultó que un tercio
de los inscritos eran gente sin práctica religiosa. Al finalizarlo, casi todos se habían convertido,
y hoy muchos son líderes de jóvenes en toda España», explica Martiño Rodríguez, que desde los 16 años
tiene responsabilidades pastorales.Y añade: «Comprobamos que se puede hacer lo mismo en encuentros de
tres días. En el puente de la Inmaculada juntamos 420 chicos y chicas, de los que 150 estaban alejados
de la fe. Al acabar, casi todos tenían una primera experiencia de conversión».¿Cuál es la «fórmula»?
«Muchos chicos no saben dónde se meten, llegan porque les invitan sus amigos. Encuentran tres días de amistad,
convivencia, mucha música, mucha oración con música, muchas actividades divertidas, muy buenas relaciones
personales, y los chicos que han tenido experiencia de fe la comparten con los de su edad, de igual a igual.
Y Dios actúa. Incluso si algunos no se convierten, se lo pasan bien, y repiten en el siguiente encuentro, y vuelven con más amigos».
Los responsables de jóvenes y adolescentes de la RCCE insisten en el papel de la música y en que
«el joven necesita el ejemplo de sus iguales; sólo cuando haya empezado a crecer en la fe podrá apreciar
el ejemplo y guía de los mayores». Por eso, cuando una parroquia se queda sin jóvenes, ya no puede alcanzar
a los alejados, «a menos que tenga un párroco con una sintonía especialísima con ellos». Formando líderes
Puesto que el joven es el mejor evangelizador, merece la pena darle formación. «Hay que enseñar a los líderes a
coordinarse, a trabajar con seres humanos, que no son ángeles, a tener nivel espiritual, a cuidar a las personas
humana y espiritualmente, dar testimonio con su vida y cuidar la relación con Dios», explica Martiño, de profesión
terapeuta familiar. Aún así, un joven recién convertido contagia la fe básicamente por su testimonio. «La semana en
que me convertí fui a un botellón en casa de unos amigos al que me había comprometido», explica Pablo Emilio. «Le
conté mi experiencia a un amigo que estaba allí, que nunca había mostrado interés por Dios. Mi amigo, llorando,
me dijo: “No tienes ni idea de lo que has hecho. Siempre supe que había alguna verdad, pero pensé que tardaría toda
la vida en encontrarla, y ahora lo acabo de hacer. ¡No me puedes dejar solo ahora!” Aquello me mostró la fuerza del testimonio».
|