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El pasado puente del Pilar (20, 11 y 12 de
octubre) algunos jóvenes de nuestra
comunidad junto con alguna invitada tuvimos
la oportunidad de participar en el Encuentro
Nacional de Jóvenes de la Renovación
Carismática Católica en España (RCCE). Para
mí ya son varios los años que llevo
participando en este tipo de encuentros pero
puedo decir sinceramente que cada año el
Señor me sorprende con algo nuevo y siempre
resultan tiempos difíciles de olvidar.
Esta vez, además, no puedo decir que fuera
sin ganas porque ya, desde el primer
momento, cuando nos apuntamos, estaba
deseoso de poderme reencontrar con toda la
gente conocida que hacía tanto tiempo que no
veía y de poder vivir un encuentro tan
especial como todos los anteriores. Desde el
principio pude sentir el calor de todos los
hermanos que nos recibieron y que poco a
poco se iban uniendo al encuentro, que con
sus sonrisas y abrazos nos mostraron todo su
afecto.
Como otras veces este año también pudimos
servir llevando grupos de jóvenes y
adolescentes, pero ahí, el Señor me volvió a
mostrar una vez más la verdad que hay en que
“es dando cuando más se recibe”. Aquí cada
uno podría contar su propia experiencia pero
para mí, personalmente, fue una auténtica
gozada el poderme sentir utilizado por el
Señor hablando a los adolescentes y viendo
como sólo Él es capaz de cambiar sus vidas y
tocar sus corazones de una forma tan
especial. Tengo que resaltar el rato de
oración que tuvimos con todos estos chavales
en que cada uno de ellos fue invitado a
poner en un papel aquellas dificultades que
más le estaban costando en su relación con
Dios y a que el responsable de su grupo
orara por él, ya que pude ver como el Señor
mismo se hizo presente y les impulsó a
vencer sus miedos y a ser verdaderos
testigos de esperanza en sus respectivas
vidas.
También pude orar por otros hermanos más
mayores y de que oraran por mí, siendo el
mensaje del Señor siempre el mismo: “que
confíe en Él y que no tema porque Él está
conmigo”. En un tiempo en que ando un poco
desesperado con el trabajo necesitaba oír
esta palabra y sigo necesitando el confiar
más en Él y dejarme plenamente en sus manos,
porque se que sólo así será cuando tendré
verdaderamente paz.
Para terminar quiero compartir con vosotros
una visión que me regaló el Señor en uno de
estos ratos tan especiales de oración, en la
que veía como pequeños brotes de trigo
recién sembrados y cómo estos iban creciendo
y haciéndose más grandes, convirtiéndose a
su vez en los brazos levantados de todos los
que adoran a Dios, y sentía que nuestra
labor consiste en sembrar esa semilla y
dejar que del resto se ocupe el Señor, que
Él será quién haga que crezca y de fruto
para gloria suya. Así que le digo al Señor
que cuente conmigo y que ahí me envíe, que
quiero ser Testigo de Esperanza!
Elías Torca,
Vitoria.
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