Encuentro Nacional de Jóvenes'09


El pasado puente del Pilar (20, 11 y 12 de octubre) algunos jóvenes de nuestra comunidad junto con alguna invitada tuvimos la oportunidad de participar en el Encuentro Nacional de Jóvenes de la Renovación Carismática Católica en España (RCCE). Para mí ya son varios los años que llevo participando en este tipo de encuentros pero puedo decir sinceramente que cada año el Señor me sorprende con algo nuevo y siempre resultan tiempos difíciles de olvidar.

Esta vez, además, no puedo decir que fuera sin ganas porque ya, desde el primer momento, cuando nos apuntamos, estaba deseoso de poderme reencontrar con toda la gente conocida que hacía tanto tiempo que no veía y de poder vivir un encuentro tan especial como todos los anteriores. Desde el principio pude sentir el calor de todos los hermanos que nos recibieron y que poco a poco se iban uniendo al encuentro, que con sus sonrisas y abrazos nos mostraron todo su afecto.

Como otras veces este año también pudimos servir llevando grupos de jóvenes y adolescentes, pero ahí, el Señor me volvió a mostrar una vez más la verdad que hay en que “es dando cuando más se recibe”. Aquí cada uno podría contar su propia experiencia pero para mí, personalmente, fue una auténtica gozada el poderme sentir utilizado por el Señor hablando a los adolescentes y viendo como sólo Él es capaz de cambiar sus vidas y tocar sus corazones de una forma tan especial. Tengo que resaltar el rato de oración que tuvimos con todos estos chavales en que cada uno de ellos fue invitado a poner en un papel aquellas dificultades que más le estaban costando en su relación con Dios y a que el responsable de su grupo orara por él, ya que pude ver como el Señor mismo se hizo presente y les impulsó a vencer sus miedos y a ser verdaderos testigos de esperanza en sus respectivas vidas.

También pude orar por otros hermanos más mayores y de que oraran por mí, siendo el mensaje del Señor siempre el mismo: “que confíe en Él y que no tema porque Él está conmigo”. En un tiempo en que ando un poco desesperado con el trabajo necesitaba oír esta palabra y sigo necesitando el confiar más en Él y dejarme plenamente en sus manos, porque se que sólo así será cuando tendré verdaderamente paz.

Para terminar quiero compartir con vosotros una visión que me regaló el Señor en uno de estos ratos tan especiales de oración, en la que veía como pequeños brotes de trigo recién sembrados y cómo estos iban creciendo y haciéndose más grandes, convirtiéndose a su vez en los brazos levantados de todos los que adoran a Dios, y sentía que nuestra labor consiste en sembrar esa semilla y dejar que del resto se ocupe el Señor, que Él será quién haga que crezca y de fruto para gloria suya. Así que le digo al Señor que cuente conmigo y que ahí me envíe, que quiero ser Testigo de Esperanza!      

Elías Torca,

Vitoria.

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